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Alcázar de Madrid. Descripciones

“Entre las mejores obras de defensa que existen, se encuentra el Castillo de Madrid: fue construido por el emir Muhammad ben Abd-al-Raahman”. Cita del siglo XV tomada de la obra de Muhammad bin Abd-al-Munim, Kitab al-Rawd-Al Mitar.

“Quando Rodrigo de Castañeda, que allí estaba por capitan, e todos los que con él eran, visto que la villa era entrada por el duque, luego se retraxeron a los alcaçares; los quales estaban basteçidos e pertrechados de armas e pertrechos e bastimentos e muy grande abundancia…”. Cita tomada de la obra de Hernando del Pulgar, Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Castilla y de Aragón. 1482-1493 [publicada en Valladolid en 1565 por Antonio de Nebrija].

“[Madrid] tiene canteras de pedernal, del que se labra casa y otros oficios, por lo cual Juan de Mena, memorable poeta, en metros muy elegantes dice ser Madrid cercado de fuego. Aquí se labra un palacio real tan sumptuoso que será uno de los buenos edificios de España”. Cita tomada de la obra de Pedro de Medina, Libro de grandezas y cosas memorables de España. Sevilla, 1549.

“He aquí el Alcázar Real, sustentado sobre columnas de mármol, obra de singular maestría, resplandeciente de artesonados de oro, rodeado de Bosque, en los que hay gran abundancia de ramosos ciervos […]. El palacio entero resplandece con los reales tesoros. Hay en el variados tapices, que representan con admirable maestría a los viejos héroes y a sus hazañas; también hay pinturas, gloria de nuestro tiempo, obra de artistas flamencos, hechos por encargo del rey Felipe; los cantores belgas, de melodiosa voz, son ornato de la capilla real, que no tiene par en el mundo […]”. Cita tomada de la obra de Enrique Cock, Ursaria Sive Mantua Carpetana Heroice Descripta, 1584 [manuscrito].

“El Palacio es un edificio muy suntuoso, diviso y casi apartado en dos partes, y cada una teniendo su plaza. Uno contiene los aposentos del Rey y otra las salas y aposentos de la Reina. Edificó y restauró a el don Carlos V en el año 1539 […]. Aposentos del Rey y reina. En bajo al torno de la plaça y la tierra son las salas y audiencias de todos los consejos cocina y cuevas. En la galleria se ven tiendas de libros y otras mercaderias. A mano izquierda, mercaderes […]. Quarta Sala no harto grande cerca de aquel. Junto a la ventana a mano derecha ocho muy artificiosas invenciones y picturas: los quatro elementos y los tiempos quatro del año sazones Estaciones. […]Arriba en la sala ay quatro retratos muy lindos. Tormenta Virgiliana. 1.º Titius et Vultur; 2.º Atlas portans mortem; 3.º Tantalus qui ponca fugaria captat; 4.º Sitiens Icarus […]. La sala donde estuvo ordinariamente el rey don Felipe 2.º siendo ya viejo y muy enfermo: Aquí ay camas de plata fina y lechos con pabillones y gardines bordados de oro y perlas finas, que truxo e llevó consigo el rey a Barcelona quando se caso con donna Margarita de Austria. Junto está una capilla muy chiqua donde el Rey muerto Don Felippe segundo cada dia oyo la missa […]”. Cita tomada de la obra de Diego de Cuelbis, Thesoro Chronographico de las Españas, 1599 [manuscrito].

“Mientras el señor Cardenal se entretenía con Su Alteza, fuimos a ver algunos cuadros de la sala [se refiere al Salón Nuevo]. Entre estas pinturas, a la entrada de la puerta, había, inmediatamente encima de ella, una que representaba cinco o seis figuras de gran tamaño pintadas al natural por Rubens […]; del mismo autor [Tiziano] un gran retrato de tamaño natural que representa a Carlos V vistiendo armadura de caballero en el momento mismo de emprender el galope. Al fondo hay un bellísimo paisaje. Frente al retrato de Carlos V, al final de la otra pared de la sala, pude ver el retrato del actual rey revestido con armadura de jinete, pintado a tamaño natural. Tiene un bello paisaje y cielo, y también ha salido de de los pinceles de un pintor español […]. En la misma sala estaba también la mesa pequeña que monseñor Masssimi mandó a S. Majestad en las mismas galeras en que hicimos nuestra llegada […]”. Cita tomada del diario de la embajada del Cardenal Francesco Barberini en España, 1626.

“El día 11 [de noviembre de 1668] oyó S. A. misa en los Carmelitas Descalzos de la calle de Alcalá. La iglesia no tiene nada de extraordinario o especial que la distinga de las demás, quitando la extrema limpieza, propia de todas las iglesias de España y sobre todo de esos buenos religiosos. Después de almorzar S. A., conforme habían acordado, se marchó a visitar el Palacio. Fue construido por Carlos V, aunque la fachada, de piedra, es moderna, rematada, como se estila en España, por dos torrecillas de ladrillo, adornadas asimismo en las esquinas con sillares de piedra que sobresalen un poco; tienen tres ventanas de frente y una de lado por la parte que se une con la fachada. Una de las torres está cubierta con un techo, pero le falta el remate del chapitel como el de su compañera. Los dos primeros pisos tienen las ventanas en exacta correspondencia a ambos lados; pero en las puertas la arquitectura se ha adaptado a la necesidad del tráfico de los carruajes, de suerte que han abierto, además de la principal en el centro, otras dos a distancias diferentes, sin observar ninguna proporción o simetría. Encima de la puerta principal se ve un principio de frontispicio, hecho seguramente para poner en él un reloj, si bien estaba aún sin terminar. Todo este edificio tiene muy buen aspecto, situado, como está, encabezando una plaza oblonga, aunque no del todo regular. Entrando en el palacio por la puerta del centro se llega a una galería porticada ancha y baja […]. En medio de la galería del patio de la izquierda está la entrada principal del cuarto del rey, actualmente cerrado. En la testera de la galería del otro patio de la derecha, enfrente de la del rey, está el cuarto de la marquesa de los Vélez, aya del rey; doblando a la derecha, nada más subir la escalera, y recorriendo dos lados de las galerías, se entra en el de la reina. No pudo ver S. A. cómo eran las habitaciones más privadas […]. S.A. entró por la misma escalerilla que cuando fue a la audiencia de la reina y sólo vio la planta principal y la baja del rey, pues no había nada que ver en el de la reina por estar de luto. El primero estaba adornado con varios tapices soberbios y las más ricas colgaduras de la Corona, así como cuadros de los más excelentes maestros. El segundo, es decir, la planta baja, estaba igualmente embellecido con cuadros, vaciados de una grandísima parte de las mejores estatuas de Roma y gran cantidad de tablas y jarrones de pórfido con algunos bajorrelieves. Las colgaduras más notables son: una en la que están representados los Siete Planetas bordados en seda y oro con alguna piedras preciosas sobre fondo de terciopelo, y otra colgada en una estancia y en una pieza donde el rey Felipe IV, para gozar de una estupenda vista del río, el jardín y la plaza, llevaba los despachos, toda bordada con oro y corales menudos. Aquí, sobre un pedestal de madera, hay un modelo de la Fuente de Piazza Navona de plata dorada y sobre una basa de mármol la apoteosis de Trajano, cuyo rostro rodeado de rayos está en el dorso de un águila que posa una garra sobre un rayo y la otra sobre una esfera que representa el mundo, todo ello encima de una pila de trofeo […]”. Cita tomada del manuscrito Viaje por España y Portugal entre los años 1668 y 1669 de Cosme de Medici, escrita por Lorenzo Magalotti.

“En el mes de noviembre de 1734 los Reyes se hallaban en Balsaín […]. Llegaron a Madrid el día 10 de diciembre […]. En el Palacio grande se había hecho un cuarto nuevo para los Reyes, en la fachada del parque que cae al río, adornado de ricos espejos, charoles y pinturas de gran precio, y lo restante del palacio se había todo compuesto; en que se gastó mucho dinero. Los Reyes y toda la Casa Real pasaron a ver el Palacio el día 13 del mismo mes de diciembre, de que quedaron sumamente gustosos, viendo el primor y riqueza, así del cuarto nuevo como de todo el Palacio, manifestando que deseaban habitarle; pues desde Carlos V, que le empezó a fabricar en 24 de febrero de 1534, todo ha sido aumentar fábrica, riquezas y pinturas, de los más célebres pintores de la Europa, espejos los mayores que se han viso […]. Alhaja digna de un monarca de España; como la Capilla Real, fábrica del señor Carlos II, en todo correspondiente a un príncipe tan grande; su media naranja estaba pintada de mano de Jordán, sus adornos ricos […]. […] Y la Nochebuena, viernes a 24 de Diciembre de ese mismo año, a las 12 de la noche, se mudó en Palacio la guardia, y a las doce y cuarto los centinelas que estaban en el lienzo de la Priora, que cae a Poniente, avisaron que había fuego en aquel lienzo y cuarto nuevo […]. Los religiosos de San Gil y otras comunidades acudieron a sacar alhajas; y como las pinturas del Salón grande estaban embutidas en la pared, sólo pudieron arrancar algunas que estaban bajas, pues no había escalera. El fuego consumió luego la fachada de la Priora y pasó a la torre de la fachada de Palacio […] Sábado 25 de Diciembre, primer día de Pascua, continuó el fuego en todo el Palacio, así por la fachada y Salón Dorado, Sala Ochavada, Salón de Embajadores y Sala de las Furias, como también por las espaldas, cuartos del Rey, Reina y corredores […]”. Cita tomada de las Memorias manuscritas de Felix de Salabert, marqués de Torrecilla [volumen correspondiente al año 1734].

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Ángel Rodríguez Rebollo

Historiador del arte formado en la Universidad Complutense de Madrid, es coordinador del Seminario de Arte e Iconografía de la Fundación Universitaria Española y forma parte del equipo de Ars Magazine. Es especialista en el coleccionismo regio, con especial atención a los inventarios reales. Asimismo, trabaja en el campo del dibujo español de los Siglos de Oro. Ha publicado en las revistas más importantes, tanto nacionales como internacionales. Entre sus obras en colaboración más importantes destacan los libros sobre los inventarios del Alcázar de Madrid de 1636 y 1666, así como el catálogo razonado de dibujos de Vicente Carducho.

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